Devocional Diario: Porque yo sé muy bien los planes que tengo para vosotros, dice...

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para vosotros, dice el Señor; planes de paz y no de mal, para daros un buen futuro” (Jeremías 29:11).

Busca, en la presencia de Dios, conocerte a ti mismo. Solamente delante de Él podemos ver con claridad quiénes somos realmente y qué nos falta aún. Luego, pregúntate: ¿Para qué me envió Dios al mundo? ¿Ya me he convertido en aquello que Él desea que yo sea? ¿Estoy viviendo según Su voluntad o todavía hay ajustes que necesito hacer? La respuesta a estas preguntas no viene de la opinión de los hombres, sino de la revelación que Dios ya nos ha dado en Su santa y perfecta Ley. Si queremos agradarle y ser aprobados por Él, debemos someternos enteramente a Su voluntad.

Dile al Señor con sinceridad: "Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios" (Salmo 143:10). Si esta es la oración de tu corazón, Él responderá con claridad y poder: "No temas; obedece mis mandamientos y estaré contigo." La obediencia a Dios no es solo un deber, sino el camino hacia la verdadera paz. Él guiará tu alma, pondrá tus pies en el camino correcto y te conducirá más allá de las limitaciones humanas. Dejarás de vivir en busca de elogios, de reconocimiento terrenal o de cosas que se desvanecen en el momento en que son alcanzadas. En cambio, Dios abrirá tu visión a algo infinitamente mayor y eterno.

Aquellos que eligen obedecer al Señor experimentan lo mejor que hay en Él. Incluso antes de alcanzar la vida eterna en Cristo Jesús, reciben un destello de Su gloria, de Su felicidad y de Su amor, que son imperecederos, inquebrantables e inagotables. Toda bondad, toda paz, toda alegría verdadera están reservadas para quienes se rinden a la voluntad de Dios. Por lo tanto, si deseas vivir bajo la bendición divina, obedece de todo corazón, pues Él nunca dejará de honrar a quienes andan en Sus caminos. -Adaptado de Edward B. Pusey. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que solo en Tu presencia puedo conocerme a mí mismo y ver con claridad lo que aún me falta. Sé que mi vida debe ser vivida según Tu voluntad, y no basada en opiniones humanas o deseos pasajeros. Quiero convertirme en aquello que Tú planeaste para mí, obedeciendo fielmente Tu santa Ley. Enséñame a caminar en Tu verdad.

Padre mío, hoy te pido que guíes mis pasos y moldees mi corazón para que yo obedezca con sinceridad y alegría. Sé que la verdadera paz no está en buscar reconocimiento o en alcanzar objetivos terrenales, sino en vivir plenamente sometido a Ti. Condúceme más allá de mis limitaciones, abre mi visión a Tus propósitos eternos y fortalece mi fe para que confíe sin dudar en lo que ya has revelado en Tu Palabra.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque en Ti está toda la bondad, toda la paz y toda la alegría verdadera. Gracias porque Tú nunca dejas de honrar a quienes andan en obediencia a Tus caminos. Sé que la plenitud de Tu promesa aún está por venir, pero incluso ahora ya puedo experimentar Tu gloria y Tu amor. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley camina a mi lado en todo momento. Cada mandamiento Tuyo es una prueba de Tu infinita sabiduría y de Tu deseo de verme prosperar. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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