Devocional Diario: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el...

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu, a la verdad, está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

La tentación es esencial para afirmarnos y fortalecernos en la vida espiritual, así como el fuego fija los colores en una pintura o el viento hace que las raíces de los grandes árboles se profundicen en el suelo. Nuestros conflictos espirituales son bendiciones preciosas que nos preparan para vencer al adversario mayor, entrenándonos para su derrota final. Sólo hay un tipo de tentación: desobedecer a Dios, como ocurrió en el Jardín del Edén, en el desierto del Sinaí y sigue ocurriendo hoy; la victoria viene cuando nos volvemos a Sus mandamientos con obediencia humilde y verdadera.

Entender esto nos lleva a reconocer la importancia de seguir la Ley de Dios y Sus mandamientos extraordinarios, que fueron transmitidos por los antiguos profetas y por el Mesías. El Padre revela Sus secretos sólo a los que obedecen, guiándolos al Hijo para redención y libertad, mientras que los desobedientes permanecen sin esa bendición. Obedecer, como Jesús y Sus discípulos, es lo que nos trae salvación y nos libera de las trampas del enemigo.

Por eso, elige hoy enfrentar las tentaciones con obediencia genuina a los planes de Dios, permitiendo que Él te bendiga y te envíe al encuentro de Jesús. Esta decisión transforma tus luchas en crecimiento y te posiciona para victorias eternas. Comienza ahora y verás cómo tu fe se fortalece con cada paso obediente. Adaptado de Lettie B. Cowman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Padre celestial, ayúdame a ver las tentaciones como oportunidades de crecimiento espiritual, en vez de algo a temer. Que yo entienda que estos desafíos me afirman en la fe y me preparan para derrotar al adversario. Libra mi corazón del deseo de desobedecer y lléname de determinación para elegir Tu camino siempre.

Mi Señor, concédeme vigilancia y oración constante para no caer en trampas, fortaleciendo mi espíritu contra la debilidad de la carne. Guía mis pensamientos y acciones para que me vuelva humildemente a Tus mandamientos en momentos de prueba. Que esta obediencia me haga más resiliente y listo para las victorias que has preparado.

Oh, Señor amado, te agradezco por usar las tentaciones para profundizar mis raíces en la vida espiritual y entrenarme para el triunfo final. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el fuego purificador que fija la verdad en mi alma. Tus mandamientos son el viento fuerte que me hace crecer en profundidad y fuerza. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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