"Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).
Hay un valor inmenso en aquellos que han caminado mucho, enfrentado dolores reales y aprendido de la propia vida. Estas personas llevan una sensibilidad que no proviene de los libros, sino de la experiencia, y por eso logran fortalecer, orientar y animar a quienes vienen después. El Mesías conoce ese camino profundamente, pues vivió las limitaciones humanas, sintió el cansancio, el hambre, la soledad y la lucha interior. Es por haber pasado por todo esto que Él comprende nuestras debilidades y sabe exactamente cómo ayudarnos.
Dentro de esta jornada, los sabios mandamientos del Creador nos muestran cómo transformar la experiencia en servicio. La Ley de Dios enseña que la madurez espiritual no es solo saber, sino obedecer y guiar a otros con responsabilidad. Dios confía más en aquellos que aprenden a andar según Su voluntad y a aplicar lo que han vivido para edificar vidas. Obedecer nos capacita para ser instrumentos de dirección y apoyo en el camino de otros.
Hoy, el llamado es para usar todo lo que has aprendido a lo largo del camino. No guardes solo para ti las lecciones que la vida te enseñó. Al vivir según los mandamientos vivos de Dios, te conviertes en un guía seguro para otros y un siervo útil en las manos del Padre. Así es como Él bendice, fortalece y envía a los obedientes a Jesús. Adaptado de J. R. Miller. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Señor, reconozco que cada experiencia vivida tuvo un propósito y no fue en vano. Usa todo lo que aprendí, incluso los dolores, para bendecir otras vidas. Quiero ser sensible a las necesidades de quienes caminan después de mí.
Dame discernimiento para orientar con humildad, fuerza para obedecer con constancia y amor para servir sin reservas. Guía mis palabras, actitudes y decisiones. Que yo sea fiel al llamado que pusiste delante de mí.
Oh, Señor amado, te agradezco por no alejarte de nuestras debilidades y por comprender el caminar humano. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es como una escuela viva que forma corazones experimentados y obedientes. Tus mandamientos son caminos seguros que me enseñan a ayudar a otros con verdad y compasión. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























