Devocional Diario: Y Abraham murió en buena vejez; después de una vida...

“Y Abraham murió en buena vejez; después de una vida larga y feliz. Exhaló el último suspiro y, al morir, se reunió con sus antepasados” (Génesis 25:8).

Mira, si cultivamos un corazón desapegado de las cosas de aquí y entendemos que nuestro verdadero hogar está en lo invisible, viviremos en este mundo como quien solo está de paso. ¡Nuestra ciudadanía es del cielo! La muerte, entonces, no será una triste despedida de los que amamos, ni un salto hacia lo desconocido. Al contrario, nos llevará a un lugar de lazos aún más fuertes, donde las ovejas se acercan unas a otras, muy cerca del único Pastor que nos guía.

Amigos, escuchen bien: solo hay un camino para asegurar nuestro lugar en el cielo: creer y obedecer. Creer que Jesús es el Hijo enviado por el Padre y obedecer la poderosa Ley de ese Padre. No basta con decir que amamos a Jesús; hay que vivir lo que Él enseñó. Muchos hablan de amor, pero ignoran los mandamientos del Padre de Jesús, y eso los aleja del gran premio de la vida eterna.

¡Hermanos, no se engañen! La fe verdadera va de la mano con la obediencia. Cuando creemos de corazón y seguimos los pasos que Dios nos dio, nuestro paso por aquí cobra sentido, y el cielo deja de ser un sueño lejano: se convierte en nuestra certeza. ¡Vivan como ciudadanos del cielo, porque hacia allá vamos! -Adaptado de Alexander Maclaren. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Querido Dios, me presento ante Ti con un corazón que desea desapegarse de las cosas de este mundo, entendiendo que mi verdadero hogar está en lo invisible, donde soy ciudadano del cielo, solo de paso por aquí. Confieso que, a veces, me aferro a lo que veo, temiendo la muerte como una pérdida, pero quiero verla como un camino hacia lazos más fuertes, acercándome a Tus ovejas y a Ti, mi único Pastor.

Padre mío, hoy te pido que me des fe para creer que Jesús es Tu Hijo enviado y un corazón para obedecer Tu poderosa Ley, pues sé que ese es el único camino para asegurar mi lugar en el cielo. Enséñame a no solo hablar de amor, sino a vivir lo que Jesús enseñó, siguiendo Tus mandamientos con fidelidad, para que no me aleje del gran premio de la vida eterna. Te pido que me guíes a unir mi fe a la obediencia, convirtiéndome en un verdadero ciudadano de Tu reino.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por prometer la vida eterna a los que creen y obedecen, transformando el cielo de un sueño lejano en mi certeza cuando vivo como Tu oveja fiel. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es el puente hacia mi hogar. Tus mandamientos son el mapa de mi fe. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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