“Y el señor de José lo tomó y lo echó en la cárcel, en el lugar donde estaban presos los reos del rey; allí quedó él en la prisión” (Génesis 39:20).
El aspecto más difícil del sufrimiento, muchas veces, es el tiempo. Un dolor breve e intenso puede soportarse con mayor facilidad, pero cuando la angustia persiste durante largos períodos, día tras día, desgastando nuestra fuerza y esperanza, el corazón se vuelve vulnerable a la desesperación. Sin la ayuda de Dios, es fácil sucumbir. La historia de José en Egipto nos muestra que las pruebas prolongadas tienen un propósito. Dios, como un refinador hábil, permite que pasemos por el fuego del sufrimiento para moldear nuestro carácter y prepararnos para algo mayor. Como dice Malaquías 3:3: “Él se sentará como refinador y purificador de plata.” Y, como un artesano cuidadoso, Dios sabe exactamente cuándo la obra está lista y detiene el fuego en el momento adecuado.
La clave para enfrentar e incluso acortar el tiempo de sufrimiento está en rendirnos completamente a la voluntad de Dios. Cuando elegimos obedecer Sus mandamientos, abrimos nuestro corazón a Su propósito y permitimos que Él nos guíe con Su sabiduría. Esta rendición no solo moldea nuestro carácter, sino que también nos acerca al Padre, quien nos abraza como hijos fieles. Él nos bendice abundantemente y nos conduce a Jesús, donde encontramos consuelo, fuerza y dirección para nuestras vidas.
Cuando alcanzamos este nivel de relación con Dios y con Jesús, podemos estar seguros de que muchos sufrimientos que enfrentamos hoy, a causa de nuestra resistencia o desobediencia, serán evitados. El Padre es un Dios de misericordia, y Él se complace en ahorrar sufrimiento a Sus hijos cuando ve que sus corazones están completamente entregados a Él. En la obediencia, encontramos no solo alivio para los dolores del alma, sino también el gozo de vivir en el centro de la voluntad de Dios, sabiendo que estamos siendo refinados para Su gloria y para nuestro bien eterno. -Adaptado de Lettie B. Cowman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que el aspecto más difícil del sufrimiento muchas veces es el tiempo. Reconozco que, sin Tu ayuda, es fácil sucumbir a la desesperación ante las pruebas que parecen no tener fin. Pero también sé que Tú eres el refinador hábil, moldeando mi carácter y permitiendo que pase por estas dificultades para un propósito mayor. Así como José en Egipto, quiero aprender a confiar en que el Señor detiene el fuego en el momento adecuado, cuando Tu obra en mí esté concluida.
Padre mío, hoy te pido que me ayudes a rendirme completamente a Tu voluntad, incluso cuando las circunstancias son difíciles. Enséñame a obedecer Tus mandamientos y a abrir mi corazón a Tu propósito, permitiendo que me guíes con sabiduría. Dame fuerzas para soportar lo que sea necesario y moldea mi carácter para que pueda vivir en armonía contigo.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque en Tu misericordia y bondad el sufrimiento no es eterno, sino una herramienta para transformarme y acercarme a Ti. Gracias porque, en la obediencia, encuentro alivio para los dolores del alma y el gozo de estar en el centro de Tu voluntad. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley fortalece mi alma en tiempos de prueba. Mi alma canta de alegría por causa de Tus mandamientos. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.
























