“Ya estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3).
Es por la Palabra que el alma es inicialmente purificada y despertada para la vida eterna. Es ella la que Dios usa para generar, sostener y renovar la comunión viva con Su Hijo. En la experiencia real de la fe, esto se confirma repetidas veces: un versículo surge en el corazón, una promesa llega con calor y fuerza, y esa Palabra abre camino dentro de nosotros. Rompe resistencias, enternece los afectos, derrite la dureza interior y hace brotar una fe viva que se vuelve enteramente hacia Aquel que es verdaderamente digno de amor.
Pero también sabemos que no siempre es así. Hay períodos en los que la Palabra parece seca, distante, sin sabor alguno. Aun así, el Señor, en Su misericordia, vuelve a hacerla dulce en el momento oportuno. Y cuando esto sucede, percibimos que la Palabra no solo consuela — también dirige, corrige y nos llama de vuelta a la obediencia. La magnífica Ley de Dios cobra vida cuando la Palabra es aplicada al corazón. Dios revela Sus planes a los obedientes, y es en esa alineación donde la comunión se renueva y el alma vuelve a respirar vida.
Por eso, persevera en la Palabra, incluso cuando parezca silenciosa. Continúa obedeciendo lo que Dios ya ha revelado. En el momento señalado, el Señor hará que Su Palabra vuelva a ser viva y preciosa, conduciendo el corazón fiel a una comunión más profunda y segura con Él — y preparando esa alma para ser enviada al Hijo. Adaptado de J.C. Philpot. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre amado, te agradezco porque es por Tu Palabra que mi alma es lavada y sostenida. Aun cuando no siento dulzura, ayúdame a permanecer firme.
Dios mío, aplica Tu Palabra a mi corazón de manera viva y transformadora. Que ella rompa lo que deba ser roto y fortalezca mi decisión de obedecer.
Oh, Señor amado, te agradezco porque, en Tu tiempo, la Palabra vuelve a ser dulce y preciosa. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es vida cuando la Palabra la ilumina en mi corazón. Tus mandamientos son la expresión viva de Tu voz que me conduce a la comunión verdadera. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.