“Y cualquier cosa que pedimos, de Él la recibimos, porque guardamos Sus mandamientos y hacemos lo que es agradable delante de Él” (1 Juan 3:22).
La verdadera fe nos enseña a confiar en Dios y a creer incluso antes de ver los resultados. Es natural que deseemos evidencias tangibles de que nuestras oraciones han sido respondidas, pero la fe genuina no depende de señales ni de pruebas visibles. Se apoya enteramente en la Palabra de Dios y en Sus promesas. El salmista expresa esto de manera clara cuando dice: "Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes" (Salmos 27:13). Aún no había recibido la respuesta, pero su confianza en el Señor lo sostuvo y renovó sus fuerzas, impidiéndole sucumbir al desánimo.
Sin embargo, el salmista comprendía algo esencial: para que la fe produzca resultados, es necesario estar en paz con Dios. Y la paz con Dios solo se alcanza mediante la obediencia a Sus mandamientos. La fe y la obediencia van de la mano, porque creer en Dios incluye seguir Su voluntad y vivir de acuerdo con Sus instrucciones. Cuando buscamos obedecer los poderosos mandamientos del Señor, abrimos espacio para que Él obre en nuestra vida y confirme Su bondad y fidelidad.
Esta combinación de fe y obediencia es lo que nos conduce a las grandes bendiciones. La fe nos mantiene firmes y confiados, incluso cuando las circunstancias parecen desafiantes. La obediencia, por su parte, alinea nuestro corazón con el de Dios, creando las condiciones para que Sus promesas se cumplan plenamente. Así, cuando vivimos por la fe, obedeciendo al Señor, experimentamos la alegría de ver Sus respuestas y Su bondad manifestarse de manera poderosa en nuestra vida. -Adaptado de Lettie B. Cowman. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, te agradezco por enseñarme el valor de la verdadera fe, que confía en Ti incluso antes de ver los resultados. Muchas veces deseo señales visibles de Tus respuestas, pero sé que la fe genuina se basa en Tu Palabra y en Tus promesas inmutables. Ayúdame a permanecer confiado, como el salmista, creyendo en Tu bondad y renovando mis fuerzas en Ti, incluso en los momentos de espera.
Padre mío, sé que para que mi fe produzca frutos, necesito estar en paz Contigo. Enséñame a vivir en obediencia a Tus mandamientos, pues sé que la fe y la obediencia van de la mano. Cuando alineo mi vida a Tu voluntad, abro espacio para que Tú obres y para que Tu fidelidad se revele de manera clara. Capacítame para buscar esa obediencia con sinceridad y determinación, confiando en que Tú siempre sabes lo que es mejor.
Oh, Santísimo Dios, te alabo porque la combinación de fe y obediencia nos conduce a Tus grandes bendiciones. Gracias porque, al creer en Ti y vivir de acuerdo con Tu Palabra, puedo experimentar la alegría de ver Tus promesas cumplidas en mi vida. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es un refugio en los días tempestuosos. Tus mandamientos son como el sendero seguro que guía mis pasos a través de las incertidumbres de la vida. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.