“Bienaventurado el hombre que soporta, con perseverancia, la prueba; porque, después de haber sido aprobado, recibirá la corona de la vida, la cual el Señor ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12).
Las seducciones del mal nunca llegan tal como son: siempre vienen disfrazadas. He oído que, en una guerra, las municiones se escondían en cajas de piano y los mensajes en cáscaras de melón. Así actúa el enemigo: nos engaña, ofreciendo música cuando trae explosivos, prometiendo vida mientras entrega muerte, mostrando flores que esconden cadenas. Usa ilusiones y atractivos para atraparnos, haciendo que todo parezca bueno, cuando en realidad es destrucción. “Las cosas no son lo que parecen”: ese es su juego.
¿Pero cómo distinguir lo que viene de Dios de lo que viene del destructor? La respuesta está en la obediencia a la Ley de Dios. Cuando mantienes tu mente firme en lo que Él ha revelado por medio de Sus profetas y de Jesús, obtienes claridad. La fidelidad a la Palabra te protege de las falsedades del diablo, porque Dios no permite que los Suyos sean engañados cuando están alineados con Él.
Así que afírmate en la obediencia hoy. No te dejes llevar por promesas bonitas ni por disfraces brillantes. Aférrate a la poderosa Ley de Dios, y tendrás la certeza de que el Señor te guardará de las trampas del enemigo, guiándote con seguridad hacia la verdadera vida que Él promete. -Adaptado de J. Jowett. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, hoy me presento ante Ti con un corazón alerta, impresionado por la manera sutil en que el enemigo intenta engañarme, escondiendo destrucción en promesas brillantes, como munición en cajas de piano o muerte en cáscaras de melón. Confieso que, a veces, casi me pierdo en los disfraces, atraído por flores que esconden cadenas, pero Tu voz me llama de regreso, despertándome a la verdad de que no todo es lo que parece. Quiero buscarte más, para que mis ojos vean más allá de las ilusiones y mi corazón reconozca solo lo que viene de Ti.
Padre mío, hoy te pido que me des discernimiento para distinguir lo que viene de Ti de lo que viene del destructor, manteniendo mi mente firme en la obediencia a Tu Ley, revelada por Tus profetas y por Jesús. Enséñame a no dejarme llevar por promesas bonitas ni atractivos brillantes, sino a alinearme con Tu Palabra, que me da claridad y protección contra las trampas del diablo. Te pido que me guíes en la fidelidad, para que esté seguro en Ti y no sea engañado por las ilusiones del enemigo.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por prometer guardar a los Tuyos de los disfraces del mal, guiándome con seguridad hacia la verdadera vida cuando me aferro a Tu voluntad con obediencia fiel. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la luz que desenmascara las falsedades. Tus mandamientos son un cántico que me guarda. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.