“Mirad a mí y sed salvos, todos los confines de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay otro” (Isaías 45:22).
Dios nos invita a mirarlo a Él, pero ¿estamos esperando que Él venga a nosotros antes de dar ese paso? Muchas veces, esperamos que Dios nos alcance con Sus bendiciones antes de buscarlo de todo corazón. Pero Su orden es clara: "Mirad a mí y seréis salvos." La salvación, la paz y la dirección de Dios vienen cuando dejamos de mirarnos a nosotros mismos y fijamos nuestra atención totalmente en Él.
Curiosamente, los problemas suelen llevarnos a buscar a Dios, pero las bendiciones pueden apartarnos de Él. Cuando enfrentamos dificultades, naturalmente clamamos al Señor, pero cuando todo va bien, la tendencia humana es relajarse y distraerse. Por eso, la gran batalla espiritual no es solo contra las tribulaciones, sino contra la tentación de perder el enfoque en el Creador. La enseñanza de Jesús en el Sermón del Monte nos conduce a una única verdad: reduce todos tus intereses hasta que tu mente, tu corazón y tu cuerpo estén completamente concentrados en Dios. Nada más importa aparte de vivir según Su voluntad.
Esa concentración significa aceptar que somos criaturas y que la verdadera felicidad solo se encuentra en la obediencia a lo que nuestro Creador ya ha revelado como el camino correcto. Las preocupaciones sobre el mañana, las incertidumbres de la vida y las presiones de este mundo pierden fuerza cuando miramos a Dios y nos sometemos a Su autoridad. Cuando decimos con sinceridad: "Soy Tu hijo y obedeceré fielmente a Ti, mi Padre", todo se alinea en el momento correcto, y la paz que viene de la obediencia nos envuelve. Quien fija sus ojos en el Señor no será conmovido y experimentará el cumplimiento de Sus promesas, tanto en esta vida como en la eternidad. -Adaptado de O. Chambers. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que muchas veces espero que Tú vengas a mí antes de decidir buscarte de todo corazón. Pero Tu orden es clara: debo mirarte primero, fijar mi atención totalmente en Ti y confiar en que la salvación, la paz y la dirección vendrán de ese acto de obediencia. Enséñame a apartar mis ojos de mis propias limitaciones y a ponerlos solo en Ti, sabiendo que no hay otro camino aparte del que has revelado.
Padre mío, hoy te pido que me ayudes a no distraerme con las circunstancias de la vida, sean difíciles o favorables. Sé que en los momentos de tribulación soy llevado a buscarte, pero cuando todo va bien, corro el riesgo de alejarme. No quiero que nada, ni las dificultades ni las bendiciones, desvíen mi mirada de Ti. Que mi mente y mi corazón sean enteramente Tuyos, para que mi vida esté siempre alineada con Tu voluntad. Dame un espíritu firme, enfocado en lo que realmente importa: obedecerte sin vacilación.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque eres el único camino para la vida plena y verdadera. Gracias porque, al fijar mis ojos en Ti y seguir fielmente Tus mandamientos, encuentro seguridad y paz que este mundo no puede ofrecer. Sé que quien te obedece nunca será conmovido, pues Tú eres fiel para cumplir Tus promesas. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es mi sol y luna llena, que nunca me deja caminar en tinieblas. Tus mandamientos son la brújula que orienta mi vida, guiándome siempre por el camino de la rectitud. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.