“Aquel que me envió está conmigo; él no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada” (Juan 8:29).
¡Qué alivio sería para muchos de nosotros si aprendiéramos a descansar verdaderamente en Dios, entregándole completamente nuestras cargas, preocupaciones y necesidades! Si tuviéramos esa fe absoluta, ya no nos sentiríamos abrumados, pues sabríamos que Él cumple Sus promesas y cuida de aquellos que lo aman y guardan Sus santos y eternos mandamientos. La ansiedad y el miedo se disiparían, porque entenderíamos que no somos responsables de llevar solos el peso de la vida, sino que Dios, en Su fidelidad, sostiene a quienes se entregan totalmente a Su voluntad.
Jesús nos dio el mayor ejemplo de ese descanso en Dios. Él no se preocupaba por el mañana, porque sabía que el Padre cuidaba de Él. Sus propias palabras confirman esta verdad: "Él no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada" (Juan 8:29). Esta es la clave para vivir bajo el cuidado constante de Dios: hacer todo lo que le agrada. Jesús nos enseñó que agradar al Padre significa andar en plena obediencia, viviendo conforme a la poderosa Ley de Dios, sin desvíos ni concesiones.
Es en la obediencia al Padre donde encontramos paz, provisión, protección y, al final, la salvación en Cristo. Aquellos que eligen seguir los caminos del Señor no necesitan temer al futuro, pues sus vidas están en manos de Aquel que gobierna todas las cosas. Si queremos descansar en la certeza del cuidado divino, debemos seguir el ejemplo de Jesús, obedeciendo al Padre de todo corazón. Entonces, y solo entonces, experimentaremos la plenitud de las bendiciones reservadas para los fieles. -Adaptado de A. B. Simpson. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Querido Dios, es verdad que muchos de nosotros llevamos cargas innecesarias porque no hemos aprendido a descansar verdaderamente en Ti. Sé que, si tuviera una fe absoluta en Tu fidelidad, no me sentiría abrumado, pues comprendería que Tú cuidas de aquellos que Te aman y guardan Tus santos mandamientos. Ayúdame a confiar más en Ti, a entregar cada preocupación y necesidad en Tus manos.
Padre mío, hoy te pido que me enseñes a seguir el ejemplo de Jesús, que no se preocupaba por el mañana porque siempre hacía lo que Te agradaba. Sé que el secreto para vivir bajo Tu cuidado está en la obediencia total a Tu voluntad. Quiero andar en Tus caminos sin desvíos, sin concesiones, sin vacilación, pues es en la obediencia donde encuentro paz, provisión y seguridad. Moldea mi corazón para que mi vida esté completamente rendida a Ti, pues sé que solo así experimentaré la plenitud de Tu presencia.
Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo porque eres fiel en todas las cosas y nunca desamparas a quienes te obedecen de todo corazón. Gracias porque puedo confiar en que mi vida está segura en Tus manos y que, al seguir Tus mandamientos, encontraré descanso y bendiciones eternas. Que mi fe sea firme y mi obediencia inquebrantable, para que pueda vivir sin miedo, sabiendo que Tú gobiernas todas las cosas y cuidas de quienes eligen andar en Tus caminos. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley y yo caminamos de la mano, pues es ella la que me mantiene en el camino correcto. Amo Tus mandamientos, porque son como el amanecer que renueva la esperanza en mi corazón. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.