"Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán; basta a cada día su propio mal" (Mateo 6:34).
Cuando permitimos que la ansiedad por el futuro tome el control de nuestro corazón, perdemos la capacidad de ver con claridad lo que el presente nos exige. En lugar de encontrar fuerza, terminamos paralizados. Dios nos invita a enfocarnos en el hoy — a confiar en que el pan de este día será provisto, que la carga de hoy ya es suficiente. No necesitamos acumular los días, ni cargar con los dolores de un tiempo que aún no ha llegado. Hay sabiduría en dar a cada día su propia medida de atención y esfuerzo.
Y para vivir así, con serenidad y firmeza, necesitamos una referencia segura. Los maravillosos mandamientos del Señor no solo nos orientan, sino que también ponen orden en nuestra mente y paz en nuestro espíritu. Al guiarnos por la hermosa Ley que el Padre reveló a Sus siervos, descubrimos un ritmo de vida saludable, pleno y verdadero. Es esa obediencia práctica la que nos capacita para cumplir cada tarea de hoy con valentía, sin desgastarnos con los temores del mañana.
Si deseas ser fortalecido y vivir con propósito, vuelve tu corazón a lo que Dios ha ordenado. El Padre bendice y envía a los obedientes al Hijo para perdón y salvación. No vivas como quien anda a ciegas, tropezando con lo que aún no ha llegado. Camina con confianza, fundamentado en la voluntad del Creador, y verás cómo Él revela Sus planes a quienes Le escuchan y Le siguen. -Adaptado de John Frederick Denison Maurice. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.
Ora conmigo: Padre querido, sé que tantas veces me preocupo por lo que está por venir y termino dejando de vivir bien el día que Tú me has dado. Enséñame a confiar en Ti con mayor profundidad. Que pueda descansar en Tu cuidado, sabiendo que Tú ya estás en mi mañana.
Dame sabiduría para usar bien mi tiempo hoy. Que cumpla con fidelidad todo lo que has puesto en mis manos, sin posponer, sin temer, sin quejarme. Guíame con Tu Espíritu para que mi vida sea simple, productiva y sincera delante de Ti.
Oh, mi Dios, te agradezco por todo. Tu amado Hijo es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es dirección firme para mis pies y refugio seguro para mi alma. Tus mandamientos son tesoros de justicia, vida y paz. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.