Devocional Diario: ¡Tu amor es mejor que la vida! Por eso mis...

“¡Tu amor es mejor que la vida! Por eso mis labios te alabarán” (Salmos 63:3).

Cuando el corazón está cargado, esto revela que la voluntad de Dios aún no es lo más dulce para el alma. Muestra que la verdadera libertad, aquella que proviene de la obediencia al Padre, aún no ha sido plenamente comprendida. Es señal de que la filiación divina —el privilegio de ser llamado hijo del Altísimo— aún no ha sido vivida en toda su fuerza y alegría.

Si el alma aceptara con fe todo lo que el Señor permite, incluso las pruebas se convertirían en actos de obediencia. Nada sería en vano. El consentimiento sincero al plan de Dios transforma el dolor en ofrenda, la carga en entrega, la lucha en comunión. Esta entrega solo es posible cuando el alma camina dentro de la poderosa Ley de Dios y guarda Sus perfectos mandamientos.

Es por medio de esta obediencia práctica, diaria y amorosa que el hijo de Dios prueba lo que es ser verdaderamente libre, verdaderamente feliz. Cuando alguien acepta la voluntad del Padre y vive según Sus caminos, incluso los momentos difíciles se convierten en oportunidades de adoración. Obedecer la voluntad del Creador es el único camino para transformar el sufrimiento en bendición, y el peso en paz. -Adaptado de Henry Edward Manning. Hasta mañana, si el Señor nos lo permite.

Ora conmigo: Señor mi Dios, reconozco que, muchas veces, mi corazón se entristece porque aún amo más mi propia voluntad que la Tuya. Perdóname por cada vez que resisto a lo que es correcto y me niego a ver Tu voluntad como el mayor bien.

Enséñame, oh Padre, a obedecerte incluso en las pruebas. Quiero entregarte todo, no solo los momentos fáciles, sino también las luchas y dificultades. Que cada sufrimiento que enfrente sea transformado en obediencia, y que toda mi vida sea una ofrenda viva delante de Tu altar. Dame un corazón que consienta con alegría a Tu plan.

Oh, Santísimo Dios, te adoro y te alabo por llamarme hijo y darme la oportunidad de vivir para Ti. Tu Hijo amado es mi eterno Príncipe y Salvador. Tu poderosa Ley es la llave de la verdadera libertad, que rompe mis cadenas y me acerca a Ti. Tus increíbles mandamientos son como pasos seguros sobre un camino de paz y gloria. Oro en el precioso nombre de Jesús, amén.



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